UNA MIRADA AL MUSEO GUILLERMO LANDA
Huatusco, Ver.- En el chalet de Huatusco aún vive al maestro Guillermo Landa. Se materializa en sus muros, respira y a través de las miles de piezas de obra de arte, habla.
De entrada, el museo consta de una colección de más de 10 mil libros escritos en latín, alemán, polaco, náhuatl, griego, ruso y hasta japonés, distribuidos en libreros ubicados en prácticamente toda la casa.
Sus muros levantados en 1912, de 15 hasta 30 centímetros de grosor, albergan en el interior faunos, porcelanas, piezas alemanas, tapices, un reloj con más de 200 años de antigüedad. También monedas, el piano de “Don Memo Landa” y por supuesto, sus cenizas que reposan en el que fue su escritorio ¿Computadora?, No, una máquina de escribir.
El chalet envuelve, aislando al visitante del ruido y el estrés de la ciudad. La casa del poeta y diplomático ya era un museo mucho antes de su muerte; para un amante del arte y la historia, es como un niño entrando en una juguetería.
El museo, desde su apertura, ha sido visitado por estudiantes, niños, jóvenes. También por personas de la tercera edad, que esperaron toda una vida para poder saber que encerraba en su interior, que secretos escondía.
El maestro, que falleció a los 85 años de edad, decidió donar su hogar, convertirlo en un museo para Huatusco, el hogar del gato montés, ciudad de la que siempre se sintió parte y a la que siempre quiso aportar más, a su cultura, a su gente.
Los más de 50 visitantes de todas las edades que ingresan diariamente, que regresan dos, tres, cuatro veces queriendo saber más, confirman que tomó la decisión correcta.
