JAPÓN SIGUE ADELANTE CON PLAN DE VERTER AGUA CONTAMINADA DE FUKUSHIMA EN EL PACÍFICO
JAPÓN.- Fukushima conmemora el duodécimo aniversario del terremoto y tsunami que devastó el noreste del país y provocó la crisis nuclear de la que todavía se está recuperando y recordó a la nación que el problema del vertido de aguas procedentes de la accidentada central “afecta a todo Japón”.
Doce años después del desastre natural, que causó 15,900 muertos y 2,523 desaparecidos, Fukushima sigue enfrentándose a “importantes desafíos”, entre ellos, el futuro vertido de agua tratada de la central nuclear de Fukushima Daiichi al océano Pacífico, y que ha generado polémica entre la población local y los países vecinos.
La reacción del gobernador se produce después de que el Ejecutivo japonés aprobó a principios de enero un plan revisado para verter en los próximos meses al Pacífico el agua contaminada y tratada que se acumula en la central.
Este agua se trata en la actualidad en circuitos llamados ALPS (Sistema Avanzado de Procesamiento de Líquidos) para retirar 62 tipos de materiales radiactivos, a excepción del tritio.
Residentes de la zona y varios países del Pacífico han protestado por esta decisión alegando que los datos proporcionados por Japón “son insuficientes” con el fin de poder evaluar los efectos que tendrá sobre la salud humana y el medio ambiente marino.
Una década después del desastre, la región también está preocupada de que el recuerdo del mismo se desvanezca tras el anuncio reciente de un cambio en la política gubernamental con respecto a la reactivación de centrales y la extensión de la vida útil de sus reactores más allá de los 60 años.
En los últimos años, varios países como Estados Unidos o Reino Unido han levantado sanciones con respecto a la importación de productos de Fukushima y la región también se encuentra poniendo esfuerzos para desarrollar su sector agrícola y ganadero.
Sin embargo, más de 300 kilómetros cuadrados de terreno en seis localidades de esta prefectura, incluidas Katsurao, Okuma y Futaba, siguen sujetos a la clasificación de “zona de difícil retorno”, y su rehabilitación sigue siendo incierta.
Solventar el vertido de aguas, desmantelar por completo la central, revitalizar la economía de la región y volver a atraer a sus antiguos residentes siguen siendo algunos de los desafíos a los que se enfrenta esta prefectura, todavía marcada por el estigma de lo sucedido.
Hace 12 años, las personas que vivían en esta zona tuvieron que dejar sus hogares de repente. Algunos eran muy mayores y otros no tenían medios de transporte o familiares cerca, por lo que sufrieron grandes dificultades. Todavía unas 27,000 personas siguen desplazadas.
