LOS FORTINES AZTECAS DE CUAUHTOCHCO

LOS FORTINES AZTECAS DE CUAUHTOCHCO

Huatusco, Ver.- Poco queda de las antiguas defensas aztecas, que se edificaron en el glorioso señorío de Cuauhtochco, vigilado por una serie de fortalezas, que hoy son solo ruinas. El saqueo e indiferencia oficiales, han provocado más daño que el tiempo.

Los fortines, construidos después de la doblegación del señorío de Cuauhtochco por parte del imperio Azteca, eran inexpugnables para tropas que no usaran armas de fuego. En uno de esos fortines es donde se parapetó el general Guadalupe Victoria durante la guerra de independencia.

Por desgracia, el saqueo ha sido desproporcionado. Cientos, miles de piezas, desde figurillas, estelas, piedras, utensilios domésticos, son ofrecidos desde hace años a turistas extranjeros. Se comercializan en Boca del Monte, en Comapa, en otras comunidades de la región.

Antes la principal vía de comunicación y conexión entre poblados eran los ríos, todo mundo avanzaba por los ríos y el que pasaba era vigilado desde las alturas por las fuerzas tenochcas..

Hoy, la mayoría de esos sitios están en el total abandono y ya fueron saqueados. Para el Instituto Nacional de Antropología e Historia, ni siquiera son objeto de investigación, menos de restauración.

LAS FORTIFICACIONES AZTECAS

La serie de fortificaciones, tal como asienta Marcelino López Páez, en su obra “A,B,C de Huatusco”, ocupa una extensión de más de 100 kilómetros. Cada movimiento era vigilado desde Capulapa, Centla, San Martín, Zocoapan, Palmillas; hacia la zona de Coscomatepec, se levantó La Ixhuatequilla.

Las primeras descripciones de las ruinas aztecas fueron hechas por el capitán Dupaix en 1804. Posteriormente Orozco y Berra publicó una descripción más detallada. La serie de fortines se extiende de norte a sur, desde la unión de los riachuelos Alvarado, Jamapa y La Antigua.

El fortín de Zentla es el más notable. Se ubica entre dos barrancas que se aproximan, hasta formar una pared que deja una vereda de menos de un metro de ancho, para después expandirse nuevamente. En el paso angosto hay señales de antiguas estacas. Estaba rodeado de parapetos y baluartes.

A cuatro kilómetros del primer paso, las barrancas se unen de nuevo, hasta dejar un paso de cerca de 10 metros de ancho. Aquí comienza el fuerte, inaccesible por tres de sus lados por tener paredes verticales de más de 100 metros de profundidad. “No hay acceso a las murallas, de donde se infiere que los defensores entraban por medio de escaleras portátiles”, revela el cronista de Huatusco.

Uno de los fortines, se encuentra enclavado en la congregación de Mata Coyote, al sureste de Zentla, en la rivera del río. Se sitúa en lo alto de una abrupta colina, rodeada de profundas barrancas. Pudieron identificarse en su momento un juego de pelota, espaciosas plazas y diversos edificios, que hoy, están en mal estado a pesar de ser restringido el paso a la gente.

En Tenampa, en lo hondo de la barranca se encuentra otro de los fortines, en lo que anteriormente era conocido como Cotlamanes, hoy Xopilapa. “Ahí encontramos un tecolote de piedra, grande, pero era impensable cargar con una estatua tan pesada”, refiere el cronista huatusqueño.

Para poder acceder a ese poblado, había que caminar desde Mata de Indio, bajar por una escalera al fondo de la barranca y después subir a la barranca donde estaba este fortín. A un costado del río, igual que los demás.

En Comapa se encuentra, casi en el borde de la barranca, otra de las fortificaciones. Las dimensiones se repiten, cuadradas, con una sola entrada y de difícil acceso. Quien avanzara con el objetivo de atacar, se exponía como blanco fácil de los defensores.

EL SEÑORÍO DE CUAUHTOCHCO

Importante para el imperio azteca, que concentraba en la región los tributos de toda la zona, Cuauhtochco fue fortificado para garantizar el control y seguridad en la región. Las barrancas que unen Comapa, Tlacotepec de Mejía y Sochiapa, se convirtieron en la línea de defensa natural.

El señorío de Cuauhtochco aparece en el Códice Mendocino en el folio 48. Tenía siete provincias tributarias, entre ellas lo que hoy es San Nicolás Ixtayocan, en Coscomatepec y ambos poblados tenían gobernantes tenochcas.

A la región llegó Moctezuma Ilhuicamina en 1457, quien con sus ejércitos de guerreros Águila y Jaguar, conquistó la región, incluido el pueblo de Otlaquiquistla y Tototlán. “El glifo de ese episodio aparece en los códices, es el glifo de Cuauhtochco frente a una casa quemada, representaba que había caído ante la Gran Tenochtitlán”, explica el cronista.

La fundación del “Gran Señorío de Cuauhtochco”, se presume tuvo lugar en el año 1327 cuando un grupo de Tlaxcaltecas fundaron el casi a la par de la fundación de la Gran Tenochtitlán.

Su principal centro ceremonial no estaba en la hoy ciudad de Huatusco, sino en Carrillo Puerto. “Ese poblado con el tiempo decayó, hacía demasiado calor y no existieron las condiciones de cultivo que aquí si se presentaron, fue cuando Otlaquiquixtla despuntó en la zona centro”, agrega Marcelino López Páez.

Aunque son de vital importancia para armar el rompecabezas de la historia del Señorío de Cuauhtochco, los fortines se desmoronan cada vez más. Hoy ya no se busca ni siquiera preservar los monumentos, sino su historia, pues las construcciones, mientras más pasa el tiempo, mas daños sufren.